Enigmas de la humanidad

La morada de la vida

Posted on 10 marzo 2009. Filed under: Enigmas de la humanidad |

 

La existencia de un estado de conciencia más allá de la muerte fue un concepto discutido durante siglos ¿reside la esencia de la inmortalidad en un alma “atómica”?

La vida y la muerte, el eterno debate

Hablando en un sentido estricto, los seres humanos morimos al menos una vez cada una década. Cada célula del organismo se reproduce, desaparece y es reemplazada como tal, con una frecuencia específica, propia del tipo al que pertenece (muscular, conectiva, ósea, nerviosa). Sin embargo, aunque las células que originalmente ocupaban nuestra cara, nuestros huesos o nuestra sangre ya no se encuentren allí después de unos pocas horas, semanas o años,  nuestro nuevo cuerpo aún continúa siendo el asiento de una conciencia única. ¿Es posible negarlo?

Pero, conocer donde reside la esencia de un entidad biológica, e incluso saber qué es lo que realmente significa que un organismo posea la cualidad de “vivo”, es un asunto que ha permanecido irresuelto mas allá de los increíbles avances en tecnología genética y molecular de los últimos años.

“Qué es la vida, es una pregunta que se tiene que contestar en palabras” dice la prestigiosa bióloga estadounidense Lynn Margulis “y como la vida es algo más allá de cualquier palabra, es difícil contestar”.

Sin embargo, aunque el hilo de la cuestión parezca discurrir más por corrientes filosóficas que científicas, la capacidad de identificar cuando comienza, donde reside y como termina una vida es un asunto de indiscutible relevancia para una comunidad científica que pretenda descubrir la existencia de organismos en futuras exploraciones espaciales, o bien determinar cual es el punto exacto en el cual sea imposible traer de la muerte mediante métodos de reanimación a una entidad biológica.

¿Qué es la vida? ¿En que consiste la muerte? En la actualidad, el límite entre lo vivo y lo muerto parece más una arbitrariedad científica colectiva que un conocimiento bien fundamentado.

 

El átomo inmortal

 

Según la biología moderna, el aprendizaje coloquial, motor, estimulaciones ambientales y vivencias de todo tipo van estableciendo ramificaciones dendríticas a lo largo de toda la vida, en lo que podría llamarse “almacenaje neuronal de información”; esta forma de almacenaje sería rápido, pero no tan eficiente como las modificaciones genéticas, cuyo paquete es transmitido de generación en generación, sin necesidad de un largo y cada vez más tedioso aprendizaje verbal.

Por decirlo de alguna manera, nuestro cuerpo aún viviría en nuestros hijos a través de nuestros genes. El color de cabello, la calidad de las proteínas plasmáticas, la forma del tórax o la fuerza de nuestros músculos podrán ser conservados en paquetes de información genética a través de múltiples generaciones. ¿Habremos alcanzado de esta forma un suerte de inmortalidad? De ninguna manera. En la combinación de gametos que precede a la fecundación, un gran porcentaje de nuestros genes obligadamente se va perdiendo para dar lugar a los genes de los futuros progenitores en el proceso de formación de cigotos.

No obstante, algunos científicos afirman que mente y cuerpo podrían discurrir por senderos separados luego de finalizar el ciclo de vida.

De acuerdo con los doctores Rene Severijnen y Ger Bongaerts, investigadores del Centro Médico de la Universidad Radboud Nijmegen, en Holanda, sostienen que bloques constructores de la vida, los átomos, tienen la cualidad de ser prácticamente inmortales. Según Bongaerts “La muerte de un átomo es que la materia se convierta en energía”, “Esto sucede durante una explosión de una bomba de fusión nuclear”.

Es decir, que mientras un cuerpo en la morgue se descompone, los núcleos atómicos no lo hacen en absoluto. De lo contrario, podría decirse que cada cadáver es potencialmente tan peligroso como una bomba nuclear.

Entonces, ¿culmina la actividad atómica junto con la muerte? Según una creencia arraigada en las antiguas culturas orientales, los humanos poseen una multiplicidad de cuerpos, compuestos de una multiplicidad de capas atómicas. Cada capa estaría integrada por átomos dispuestos en una forma mucho más espaciada que la que compone la capa anterior.

Es decir, nuestra capa de células moleculares estaría sostenida por una capa atómica mucho más fina y espaciada que la totalidad de átomos que conforman el cuerpo. Por lo tanto, mientras un cuerpo en la morgue es una masa de grandes células en descomposición, un número de átomos relativamente menor aún mantendrían su disposición original. Así, un “alma”, “mente” o  “conciencia póstuma” podría indicarnos entonces, que la vida no ha terminado. 

Respecto a este punto, el Dr. Severijnen alega que el cese de crecimiento y actividad metabólica registrados cuando el cuerpo muere son solo una cara de la moneda. “El proceso de degradación no se detiene y aún se incrementa” afirma el cirujano.

 

La vida ínfima

 

Según algunos científicos, los átomos recuerdan; cada emoción, cada sensación, cada experiencia mellan estructuras extremadamente finas, en una forma que no logramos comprender.

Aunque la hipótesis de los átomos memoriosos pueda sonar disparatada, el descubrimiento de inteligencia a niveles cada vez más pequeños abre las puertas hacia nuevos debates sobre la naturaleza de la sede de la vida. Al igual que con las moléculas, durante muchos años se pensó que las células carecían totalmente de individualidad; que actuaban únicamente como un grupo, como tejido.

Pero, según recientes investigaciones del profesor Brian Ford, biólogo y presidente de la Sociedad de Cambridge para la Aplicación de la Investigación, los libros de biología deberían ser reescritos por completo.

El profesor Ford cree que las células son entes complejos que tienen inteligencia y dialogan entre sí; que la célula individual es un organismo complejo capaz de demostrar una conducta inteligente y de tomar decisiones. “Nos hemos preocupado tanto por las pequeñas estructuras que forman a la célula, que nadie se ha parado a preguntar qué es lo que puede hacer por sí misma una célula”, señala el académico.

Del mismo modo que las células albergarían capacidades nunca antes descriptas por los científicos, las estructuras atómicas finas podrían ser la llave de la respuesta a la inmortalidad humana y la aparente ilusión reflejada en el estado de muerte. ¿Se limita la mente a un conjunto de reacciones electroquímicas dentro del cerebro, o un soplo de vida llamado “alma” antecede a la formación de un ente físico y perdura aún, más allá de su muerte?

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La realidad ¿una mera ilusión?

Posted on 10 marzo 2009. Filed under: Enigmas de la humanidad |

Los superordenadores podrían haber confirmado una de las teorías más incomodas y enigmáticas en el campo de la ciencia: que toda la materia conocida, simplemente no existe

Por Leonardo Vintiñi

Alguien camina; alguien lee; parejas que pasean y perros husmean la basura. El bar, la biblioteca, las rutinas laborales. Toda acción y toda materia que se desarrolla en el universo conforman lo que conocemos como Realidad. Es el entorno en el cual nacimos, en el cual crecimos, y en el cual están destinadas a morir todas las partículas de la creación. Incluyendo las de nuestro organismo. Suponer que la existencia del universo transcurre como el sueño de un gigante, o como producto de un complejísimo programa de realidad virtual, se asemeja más a un ingenioso guión de ciencia ficción que al mundo crudo e imperfecto en el que nos movemos cada día.

Sin embargo, según las investigaciones más recientes en el campo de la física cuántica, todo lo que conocemos como materia, aquel sólido cemento del cual parece estar compuesta nuestra realidad, podría no ser más que fluctuaciones cuánticas en medio del vacío universal. Burbujas efímeras que revientan apenas nacen; el sueño loco de un burbujero cósmico.

De acuerdo a nuevos descubrimientos en el campo de la física cuántica, la teoría que propone que la mayor parte de la masa de la materia está formada por partículas que aparecen y desaparecen constantemente en medio del vacío, podría ser la candidata ganadora a la hora de explicar el universo en el que vivimos de forma adecuada.

Un grupo de físicos liderados por Stephan Dür, del Jhon von Neumann Institute, en Alemania, confirmó que la suma de las tres partículas subatómicas que componen a protones y neutrones (llamadas quarks), representan apenas el 1% de la masa de los mismos. Tal evidencia lleva a suponer que el resto de la masa nuclear estaría conformada por los gluones, efímeras partículas que burbujean en medio del vacío, cuya función es mantener unido al trío de quarks dentro de los protones y los neutrones. Este hecho apuntala aún más la hipótesis que relega a nuestra tan tangible realidad, a meras fluctuaciones del vacío. A pura nada.

 

Vivir en “la Matrix”

 

Entonces, ¿por que es que podemos sentir, ver, oler, pensar y amar? ¿por qué la realidad parece tan sólida, como la verdad misma que lleva a mis huesos fracturarse si mi puño impacta contra el suelo?

La realidad que percibimos parece ir en contra de cualquier lógica científica, si tenemos en cuenta de que la materia apenas existe. Los bloques constructores de toda la materia visible, los átomos, apenas si están compuestos por un pequeño núcleo perdido en medio de un gran espacio vacío, limitado por partículas casi invisibles (electrones) que giran a velocidades magníficas alrededor del mismo.

En palabras del biólogo evolutivo Richard Dawkins: “La ciencia nos ha enseñado, en contra de toda intuición, que al parecer las cosas sólidas como rocas y cristales, están en realidad casi enteramente compuestas de espacio vacío”.

“Un ejemplo ilustrativo” dice el científico británico, “es que el núcleo de un átomo es como una mosca en medio de un estadio deportivo. El siguiente átomo está en el estadio siguiente”. “Por lo tanto, parece que la más dura y sólida roca está en realidad compuesta de espacio vacío, solo interrumpido por partículas diminutas tan ampliamente espaciadas que no deberían ni contar”.

Siguiendo pasos más abajo, la ilusoria realidad del átomo parece ocultar una segunda jugarreta. Toda la materia que compone a esos protones y neutrones perdidos dentro de aquel “gran estadio”, parece estar reducida a solo un trío de quarks girando en el espacio vacío. Probablemente el aspecto más cercano de nuestros cuerpos ante un microscopio poderoso, sea el de un mar de granos de arena en perpetuo movimiento. Luces y colores en un escenario completamente vacío.

 

La otra verdad

 

Lo que vemos con nuestros ojos físicos se reduce mas bien a un conveniente engaño. Con mentes humanas y cuerpos humanos, la vacuidad de la materia parece más bien una broma pesada cuya comprensión se muestra totalmente inútil a los fines prácticos de los humanos. Poseer un par de ojos capaces de ver solamente objetos microscópicos nos haría imposible movernos en un mundo de cuerpos más grandes, donde los objetos con que nuestro organismo interacciona generalmente están compuestos por billones y billones de ellos.

“Las rocas se sienten duras e impenetrables a nuestras manos, precisamente porque objetos como las manos y las rocas no pueden penetrarse entre si” dice Dawkins. “Por lo tanto, es útil para nuestro cerebro la construcción de nociones como la solidez y la dureza, por que tales ideas nos ayudan a navegar a través de nuestros cuerpos en el mundo en el que tenemos que navegar”.

Sin embargo, navegar en una realidad ilusoria implica aceptar una verdad sumamente incómoda: en algún lugar del universo ha de hallarse otra realidad. El gigante dormido; el burbujero loco; el programador de ilusiones; acaso Dios.

La realidad de que las partículas que conforman lo que vemos, medimos y sentimos no sean más que humo y sombras, podría implicar que la existencia real de todos los objetos en el cosmos resida en uno o más espacios paralelos. Así como un cuerpo tridimensional proyecta una sobra bidimensional sobre el piso, muchos científicos especulan que un universo multidimensional (como en el caso de la teoría de las supercuerdas) podría arrojar su sombra a un espacio tridimensional, tal como el que tratamos de comprender mediante las herramientas de la ciencia.

Si la teoría es correcta, cada objeto y organismo en este mundo no sería más que una representación grosera y voluminosa de objetos y organismos en universos más “reales”. Tal vez coincidiendo con tales conceptos, la existencia de una mente extracorpórea encontraría la solución ideal si tomamos en cuenta que podemos recordar sucesos de nuestra infancia aunque los átomos de nuestro cerebro se hayan recambiado cientos de veces a través de la vida. “Ni un solo átomo de los que conforman su cuerpo hoy, estuvieron allí cuando ese evento se llevó a cabo” expone Dawkins acerca de la paradoja de la memoria.

Steve Grand, autor de “Creación: la vida y como hacerla”, argumenta que “la materia fluye de un lugar a otro y se reúne momentáneamente para que usted sea usted. Por lo tanto usted no es el material del que está hecho”. Esto podría implicar que nuestro verdadero cuerpo se encuentra en un espacio que no podemos comprender, y una suerte de cuerpo virtual, un mero envase mutable, se hallaría en esto que confiadamente llamamos realidad.

“Realidad, no es una palabra que debemos utilizar con confianza” explica Dawkins. Nuestra realidad es aquélla en la que las rocas es materia sólida. Pero, dice el académico, “hay una inconfortable variedad de realidades”.

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