50 Aniversario del Día del Levantamiento Nacional Tibetano.

Posted on 14 marzo 2009. Filed under: Genocidio al Tibet |

Hoy es el cincuenta aniversario del levantamiento pacífico del pueblo tibetano contra la represión de la China comunista en el Tíbet.  En el último mes de marzo, se iniciaron protestas pacíficas que se fueron extendido por todo el Tíbet.  La mayoría de los participantes eran jóvenes que nacieron o crecieron después de 1959, que nunca habían visto o vivido en un Tíbet libre. Sin embargo, el hecho de que les moviera la firme convicción de servir a la causa del Tíbet, que ha continuado de generación en generación, es realmente un motivo de orgullo.  Será una fuente de inspiración para aquellos de la comunidad internacional que tengan un profundo interés en la causa tibetana. Rendimos homenaje y rezamos por todos aquellos que murieron, fueron torturados o soportaron tremendos sufrimientos, por la causa del Tíbet desde el inicio de nuestra lucha, incluyendo aquellos de la crisis del pasado año.

 

Alrededor de 1949, las fuerzas comunistas empezaron a irrumpir por el nordeste y este del Tíbet (Kham y Amdo) y en 1950, más de 5000 soldados tibetanos murieron.  Teniendo en cuenta la situación reinante, el gobierno chino eligió la política de la liberación pacífica, lo que en 1951 llevó a la firma del Acuerdo de los Diecisiete Puntos y sus anexos. Desde entonces, el Tíbet ha estado bajo el control de  la República Popular China. Sin embargo, el Acuerdo mencionaba claramente que se respetarían la religión, la cultura y los valores tradicionales particulares del Tíbet.

 

Entre 1954 y 1955, me reuní en Beijing con los líderes chinos de más alto rango en el Partido Comunista, el gobierno y el ejército, encabezados por el presidente Mao Zedong. Cuando discutíamos sobre la manera de conseguir el desarrollo social y económico del Tibet, manteniendo la herencia religiosa y cultural tibetana, Mao Zedong y todos los demás líderes estuvieron de acuerdo en establecer un comité preliminar para allanar el camino para la implementación de la región autónoma, según estipulaba el Acuerdo, en lugar de establecer una comisión administrativa militar. Desde alrededor de 1956 en adelante, la situación sin embargo empeoró con la imposición en el Tíbet de políticas ultra-izquierdistas. Por consiguiente, las garantías dadas por las autoridades superiores no fueron aplicadas sobre el terreno. La enérgica ejecución de las llamadas “reformas democráticas” en las regiones tibetanas de Kham y Amdo, las cuales no estaban en concordancia con las condiciones reinantes, tuvieron como resultado un inmenso caos y destrucción. En el Tíbet central, los oficiales chinos violaron deliberadamente el Acuerdo de los Diecisiete Puntos, y sus tácticas de mano dura aumentaron día a día. Estos graves acontecimientos no dejaron otra alternativa al pueblo tibetano que levantarse pacíficamente el 10 de marzo de 1959. Las autoridades chinas respondieron con una contundencia sin precedentes, causando la muerte, detenciones y encarcelamientos de decenas de miles de tibetanos en los meses siguientes. Por consiguiente huí hacia el exilio en India, acompañado por un pequeño grupo de oficiales del gobierno tibetano incluyendo algunos Kalons (Ministros del Gabinete). Desde entonces cerca de cien mil tibetanos han huido a India, Nepal y Bután. Durante su huida y los meses posteriores se enfrentaron a sufrimientos inimaginables, que todavía están hoy claramente grabados en la memoria tibetana. 

 

Una vez ocupado el Tíbet, el gobierno comunista chino llevó a cabo una serie de  violentas campañas de represión que incluían “reformas democráticas”, lucha de clases, colectivización, la Revolución Cultural, imposición de ley marcial y más recientemente las campañas de reeducación patriótica y de “pegar duro”. Esto llevó a los tibetanos a unos niveles de sufrimiento y desdicha tan profundos que literalmente padecían el infierno en la tierra. El resultado inmediato de estas campañas fue la muerte de miles de tibetanos. Se cortó el linaje del Buda Dharma. Miles de centros religiosos y culturales, como monasterios, conventos de monjas y templos, fueron arrasados y edificios históricos y monumentos demolidos. Los recursos naturales han sido explotados indiscriminadamente.  El frágil medio ambiente del Tíbet ha sido contaminado, se ha llevado a cabo una deforestación masiva y la fauna, como el yak salvaje y el antílope tibetano están en peligro de extinción. 

 

Estos 50 años han acarreado al Tíbet y a su pueblo sufrimientos y destrucción inexpresables. Incluso hoy en día, los tibetanos en el Tíbet viven constantemente atemorizados y las autoridades chinas siguen sospechando de ellos. Hoy, la religión, cultura, lengua e identidad, que sucesivas generaciones de tibetanos han considerado más preciadas que su propia vida, están próximas a la extinción. En resumen, a los tibetanos se les considera como criminales que merecen morir. La tragedia del pueblo tibetano fue expuesta por el difunto Panchen Rinpoche en 1962, en su petición de 70.000 caracteres al gobierno chino. Elevó de nuevo su petición en el discurso que hizo en Shigatse en 1989 justo antes de morir, cuando dijo que bajo el gobierno de la china comunista perdimos mucho más de lo que ganamos. Muchos tibetanos preocupados e imparciales han hablado también sobre los sufrimientos del pueblo tibetano. Incluso Hu Yaobang, el Secretario del Partido Comunista, cuando llegó a Lhasa en 1980, reconoció claramente estos errores y pidió perdón a los tibetanos. Muchos desarrollos infraestructurales como carreteras, aeropuertos, redes ferroviarias, etc. que parecen llevar el progreso a las zonas tibetanas, en realidad se llevaron a cabo con el objetivo político de convertir en chino al Tíbet a costa de devastar el medio ambiente y el modo de vida tibetano.

 

En lo que respecta a los refugiados tibetanos, a pesar de que al inicio nos enfrentamos con muchos problemas, como las grandes diferencias de clima e idioma y las dificultades para ganarnos la vida, hemos conseguido re-ubicarnos en el exilio. Gracias a la gran generosidad de nuestros países anfitriones, especialmente India, los tibetanos pueden vivir libres y sin miedo. Podemos ganarnos la vida y conservar nuestra religión y cultura. Hemos podido dar a nuestros hijos educación tradicional y moderna, así como ocuparnos de resolver la cuestión del Tíbet. También ha habido otros resultados positivos. Una mayor comprensión del Budismo Tibetano, resaltando la compasión, ha hecho una contribución positiva en muchas partes del mundo.

 

Inmediatamente después de nuestra llegada al exilio empecé a trabajar para fomentar la democracia en la comunidad tibetana, con la creación en 1960 de un Parlamento Tibetano en el exilo. Desde entonces hemos avanzado gradualmente hacia la democracia y hoy en día nuestra administración en el exilio ha evolucionado hacia una democracia en pleno funcionamiento con una constitución escrita y su propio cuerpo legislativo. Esto es algo de lo que realmente podemos sentirnos orgullosos.

 

Desde 2001, hemos establecido un sistema por el cual los dirigentes políticos de los exilados tibetanos se eligen directamente a través de procedimientos similares a otros sistemas democráticos. Actualmente estamos en proceso del segundo mandato del Kalon Tripa (Presidente del Gabinete). Por consiguiente mis responsabilidades administrativas cotidianas se han reducido y hoy en día estoy semi-retirado. Sin embargo, la responsabilidad de todo tibetano es trabajar para la justa causa del Tíbet y mientras viva mantendré esta responsabilidad.

 

Como ser humano mi principal compromiso es promover los valores humanos, considero que esto es un factor clave para una vida feliz a nivel individual, familiar y comunitario. Como practicante religioso, mi segundo compromiso es promover la armonía interreligiosa. Mi tercer compromiso es por supuesto la cuestión del Tíbet. Esto es debido principalmente a ser un tibetano llamado Dalai Lama;  pero lo más importante es debido a la confianza que han puesto en mi los tibetanos dentro y fuera del Tíbet. Estos son los tres compromisos importantes que siempre tengo en cuenta.  

 

Aparte de preocuparse por el bienestar de la comunidad tibetana en el exilio, cosa que ha hecho bastante bien, la tarea principal de la Administración Central Tibetana es trabajar para la resolución de la cuestión tibetana. Habiendo diseñado en 1974 la Política del Camino Medio en beneficio de ambas partes, cuando en 1979 Deng Xiaoping nos propuso negociar, estábamos preparados para ello. Se llevaron a cabo muchas negociaciones y se enviaron delegaciones de investigación. Sin embargo no se llegó a ningún resultado concreto y los contactos formales finalmente se cortaron en 1993.

 

Posteriormente, en 1996-97, llevamos a cabo un sondeo de opinión entre los tibetanos en el exilio y en la medida de lo posible recogimos sugerencias del Tíbet, sobre una propuesta de referéndum mediante el cuál los tibetanos deberían decidir a su entera satisfacción sobre el futuro rumbo que debería seguir nuestra lucha por la libertad. Basado en el resultado del sondeo y de las sugerencias recibidas desde el Tíbet, decidimos continuar con la Política del Camino Medio.

 

Desde el restablecimiento de los contactos en 2002, hemos seguido la política de un conducto oficial y una agenda y hemos mantenido ocho rondas de negociaciones con las autoridades chinas. Como consecuencia de ello presentamos el Memorando sobre la Auténtica Autonomía para el Pueblo Tibetano, exponiendo como se podrían cumplir las condiciones para una autonomía nacional regional dentro del marco de la constitución china, al implementar en su totalidad sus leyes sobre autonomías. La insistencia por parte de China para que aceptemos que el Tíbet ha sido parte de China desde tiempos ancestrales, no sólo es incorrecta sino que es irrazonable. No podemos cambiar el pasado, no importa si fue bueno o malo. Distorsionar la historia con fines políticos es incorrecto.

 

Necesitamos mirar hacia el futuro y trabajar en beneficio mutuo. Nosotros los tibetanos buscamos una autonomía legítima y significativa, un acuerdo que permita a los tibetanos vivir dentro del marco de la República Popular China. Satisfaciendo las aspiraciones del pueblo tibetano China podría conseguir estabilidad y unidad. Por nuestra parte, no estamos reclamando nada basándonos en la historia. Repasando la historia, no hay hoy en día ningún país en el mundo, incluyendo China, cuyo territorio se haya mantenido siempre igual ni tampoco puede permanecer sin cambios.

 

Nuestra aspiración a que todos los tibetanos estén bajo la misma administración autónoma se basa en el mismo objetivo del principio de la autonomía nacional regional. También satisface los requisitos fundamentales del pueblo tibetano y chino. La constitución china y sus correspondientes leyes y reglamentaciones no ponen ningún obstáculo a esto y muchos líderes del Gobierno Central Chino han aceptado esta legítima aspiración. Al firmar el Acuerdo de los Diecisiete Puntos, el primer ministro Zhou Enlai admitió que esta era una petición razonable. En 1956, cuando se estableció el Comité Preliminar para la “Región Autónoma del Tíbet”, el vice primer ministro Chen Yi señalando en un mapa dijo: “Si Lhasa pudiera ser la capital de la Región Autónoma del Tíbet, incluyendo las áreas tibetanas dentro de otras provincias, esto contribuiría al desarrollo del Tíbet y a la amistad entre las nacionalidades tibetana y china”, un punto de vista que compartía el Panchen Rinpoche y muchos altos cargos y eruditos tibetanos. Si los líderes chinos hubieran tenido cualquier objeción a nuestras propuestas, podrían haber dado sus razones y sugerido alternativas para que las considerásemos, pero no lo hicieron. Me decepciona que las autoridades chinas no hayan respondido adecuadamente a nuestros sinceros esfuerzos para implementar el principio de una autonomía nacional regional significativa para todos los tibetanos, como establece la constitución de la República Popular China.

 

Aparte de que el proceso actual del diálogo Sino-Tibetano no obtuvo ningún resultado concreto, hubo una brutal serie de medidas drásticas por las protestas tibetanas que sacudieron todo el Tíbet desde el pasado año. Por lo tanto, para pedir la opinión pública sobre el futuro rumbo de la acción que deberíamos tomar, se convocó en Noviembre 2008 la Reunión Especial de los Exilados Tibetanos. Asimismo nos esforzamos por recoger sugerencias de tibetanos dentro del Tíbet. El resultado de este proceso fue que la mayoría de tibetanos apoyaban firmemente continuar con la Política del Camino Medio. Por lo tanto estamos ahora siguiendo esta política con una mayor confianza y continuaremos esforzándonos para conseguir una autonomía nacional regional significativa para todos los tibetanos.

 

Desde tiempo inmemorial, los pueblos tibetano y chino han sido vecinos. También en el futuro debemos vivir juntos. Por lo tanto es muy importante para nosotros convivir con amistad entre nosotros.

 

Desde la ocupación del Tíbet, la China comunista ha ido publicando propaganda tergiversada sobre el Tibet y su gente. Por consiguiente, hay muy pocas personas entre la población china que comprendan verdaderamente el Tíbet. De hecho es muy difícil para ellos encontrar la verdad. También hay líderes chinos ultra-izquierdistas quienes, desde el pasado mes de marzo, han iniciado una enorme propaganda con la intención de separar a los pueblos tibetano y chino creando rencor entre ellos. Lamentablemente, el resultado de todo esto ha sido que en la mente de nuestros hermanos y hermanas chinos han surgido impresiones negativas sobre los tibetanos. Por lo tanto, tal como he pedido en repetidas ocasiones, quisiera insistir a nuestros hermanos y hermanas chinos para que no se dejen influenciar por esta propaganda, sino que traten de descubrir los hechos sobre la imparcialidad tibetana, para así evitar divisiones entre nosotros. Los tibetanos deberían también trabajar para conseguir la amistad del pueblo chino.

 

Repasando estos 50 años de exilio, hemos sido testigos de muchas vicisitudes. Sin embargo, el hecho de que la cuestión del Tíbet esté viva y el creciente interés que está tomando en ello la comunidad internacional es realmente todo un logro. Visto desde esta perspectiva, no tengo ninguna duda que prevalecerá la justicia en la causa del Tíbet, si nos mantenemos en el camino de la verdad y la no-violencia.

 

Al conmemorar 50 años de exilio, es muy importante que expresemos nuestra profunda gratitud a los gobiernos y al pueblo de los diferentes países anfitriones en donde vivimos. No solo acatamos las leyes de estos países, sino que nos comportamos de manera que en cierto modo nos convertimos en un valor para estos países.  De igual manera, en nuestros esfuerzos para llevar a cabo la causa del Tíbet y conservar su religión y cultura, deberíamos construir nuestra visión y estrategia para el futuro aprendiendo de nuestras anteriores experiencias.

 

Yo siempre digo que debemos esperar lo mejor y estar preparados para lo peor. Tanto si lo miramos desde un punto de vista global como en el contexto de los acontecimientos en China, tenemos razones para confiar en una rápida resolución de la causa tibetana. Sin embargo, debemos estar bien preparados en caso de que la lucha tibetana siga durante largo tiempo. Para ello, debemos concentrarnos fundamentalmente en la educación de nuestros niños y cultivar profesionales en diferentes campos. También debemos aumentar la concienciación en el medio ambiente y la salud y mejorar la comprensión y la práctica de métodos de no-violencia entre la población tibetana.

 

Quisiera aprovechar esta ocasión para expresar mi más profunda gratitud a los líderes y al pueblo de la India, así como a su gobierno central y estatal, quienes a pesar de enfrentarse a problemas y obstáculos, han ofrecido a los tibetanos en el exilio un inestimable apoyo y ayuda durante las últimos 50 años. Su bondad y generosidad son inconmensurables. También quisiera expresar mi agradecimiento a los líderes, gobiernos y personas de la comunidad internacional, así como a los diferentes grupos de apoyo al Tíbet por su ilimitada ayuda.

 

Puedan todos los seres sensibles vivir en paz y felicidad.

El Dalai Lama

10 de Marzo de 2009

 

Fuente: Dalai Lama.com

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